Mi currículo fotográfico:

Medalla de Oro CEF 2010. Medalla de Bronce CEF 2011. 11.2012: Premio mejor foto Ferias y Fiestas Guadalajara. 07.2012: Finalista del PHotoEspaña2012 Maratón 05.2012: Vencedor Temporada 2011-2012 Concursos Sociales de la Afgu (12 temas). 12.2011: Finalista Premio Nacional “Provincia de Guadalajara” de Fotograf.2011. 11.2011: 2ºClasif. XXI Concurso Ferias y Fiestas Guadalajara. 10.2011: Ganador del IV Rally Ferias de Guadalajara. 10.2011: Premio Social y Medalla de Bronce 56º Concurso Nac. Abeja de Oro (6 fotograf.). 07.2011: Finalista Concurso Internac. de Fotografía TeruelPuntoPhoto 2011. 03.2011: 2º Premio Fotográf.Hitos del Rodenal, Luzón. 12.2010: Finalista Premio Nacional “Provincia de Guadalajara” de Fotograf.2010. 10.2010: Premio de Honor del 55º Concurso Nacional "Abeja de Oro" (colecc.6 fotos) 10.2010: 4ºclasif.III Rally Fotográf.Ferias y Fiestas de Guadalajara. 06.2010: 4ºclasif. III Rally Ciudad de Guadalajara. 05.2010: Vencedor general en Color del III Concurso Social de la Afgu. Temporadas 2009-2010 a 2011-2012: Fotógrafo del Club Voley Guada. Fotos publicadas en elheraldodelhenares.es, lacronica.net y en voleyguada.com. 03.2010: Ganador Concurso de El Día de Guadalajara Carnaval’2010.

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viernes, 31 de diciembre de 2010

2010.12.31_Cerrando el círculo. Fin.


2010.12.31_Cerrando el círculo. Fin.

Cuando hace justo un año me tiraba a la piscina con la primera foto del “Proyecto 365 días, 365 fotos”, aquélla de "Propósitos", no imaginaba el lío en el que estaba metiendo. La idea la copié de una chica rusa y me pareció una escuela práctica inmejorable. Y además parecía facilito.

De los iniciales motivos fotografiados (en casa, un vistazo rápido a mi alrededor y me lanzaba a por lo primero que pillaba), buscando siempre algún encuadre original, y generalmente con mi 50 mm. y una gran apertura, la cosa se fue complicando. Primero, porque paulatinamente se iban acabando los objetos interesantes en casa (bueno, no es del todo cierto, con un poco de imaginación y magia todo puede volverse interesante) y segundo, y más importante, porque esa especie de pasillo-mecánico-aeroportuario-plano por el que avanzar cómodamente se fue convirtiendo en una escalera. Unas veces más empinada, otras menos, pero siempre era ascendente. Y larga. Eso me fue motivando, ya sabéis que me encantan los retos, la presión y las dificultades. Creo que ahí me crezco.

No puedo decir ahora mismo cuándo se originó el punto de inflexión que hubo en el Proyecto. Ese propósito inicial que apuntaba en la primera foto (“al cabo de un tiempo espero ver un resultado positivo o, cuando menos, una evolución”) se produjo, vaya si se produjo. Tengo que reconocer que hoy no soy el mismo fotógrafo imberbe que inició el Proyecto. Como me decían por aquí estos días, hace poco más de un año yo casi pensaba que una réflex era un aparato de masajes lumbar. Ahora, al menos, he perdido complejos y he ganado en atrevimiento. Y, según me decís, hasta he conseguido definir mi propio estilo, el “uveñismo”, sólo por lo cuál ya ha merecido la pena todo el trabajo.

Además del buen ojo fotográfico que ya traía (eso, al menos, me lo decían desde antes), y que seguramente era mi único bagaje, he aprendido técnica (tampoco mucha, no nos engañemos ¿eh?, sólo la suficiente) y sobre todo a valorar aspectos de una foto que ni se me hubieran pasado por la cabeza. Con los comentarios de todos, de todos insisto, he aprendido más que con cualquier libro de fotografía que pueda haber en el mercado.

El mérito no es mío, o al menos no en su totalidad. Algunos de vosotros me habéis acompañado todo el año, unos asiduamente, otros más espaciadamente, y no sabéis hasta qué punto os lo agradezco a todos. Hubiera sido muy, pero que muy difícil no abandonar un trabajo de este tipo caminando en solitario. Si aún con vuestros jaleos continuos, dos o tres veces he estado seriamente a punto de dejarlo, viajando solo estoy seguro que habría acabado en la cuneta. Y es que ha habido épocas (hace ya tiempo, es verdad) de cierto cansancio, tedio quizás, y algunas también con muchas tensiones domiciliarias.

Pero en ese acompañamiento he tenido muchísima suerte, contando con unos compañeros de viaje inmejorables. Y este calificativo no es un tópico, ni es un mero cumplido. A mis amigos Javier Martínez y Javier Mirón, los más fieles, les debo mucho, mucho, mucho, de lo aprendido en este año. Y ha sido mucho lo aprendido.

Digo que he tenido suerte porque si sus comentarios diarios hubieran sido meros elogios hacia cada foto, nos hubiéramos cansado pronto. Pero es que este “trío calaveras”, ya lo sabéis todos, nos hemos dado caña sin piedad, en un medio como Flickr poco acostumbrado a ello. Algunos comentaristas “externos” supongo que han debido salir huyendo de nuestras páginas cuando han visto cómo nos las gastábamos. Poco a poco, los demás acompañantes se fueron atreviendo a participar en ese juego, siempre positivo, siempre constructivo. Y la crítica (crítica en el sentido de “palos”), durísima, implacable, es lo que me ha hecho madurar muy deprisa.

Madurar, y divertirme, porque nadie podrá negar que el buen rollito que ha presidido este Proyecto es para hacerlo estudiar. Si a los comentaristas fijos-discontinuos que han estado conmigo desde el 1 de enero (gracias Ana, Manuel, Santos) se han ido incorporando paulatinamente otros (los numerosos amigos de la Agrupación Fotográfica de Guadalajara -gracias, chicos- que han empujado especialmente en estos últimos meses; muchos de ellos, me consta, desde la sombra), también ha habido visitantes esporádicos que han pasado a raudales: más de 30.000 visitas que seguro, seguro, se han divertido con cada comentario vuestro. Algunos post han sido una verdadera delicia.

Las buenas fotos iban sucediéndose. Menos al principio, más a menudo al final, enredándose siempre con algún engendro-experimento que uno, que ya se creía un diestro fotógrafo, iba colando entre medias. Te vas llevando muchas sorpresas, vaya si te las llevas. Fotos que tú pensabas eran buenísimas, tus feroces críticos te las tiran por los suelos. Rancho que casi no te atreves a subir, te lo llevan al altar. Esto es lo único que, todavía, no he conseguido aprender, a distinguir una buena foto mía de una mala (si todas son hijas tuyas, ¿cómo se puede ser imparcial para repudiarlas?). Y no digamos ya distinguir una “masterpiece”. Siguen siendo misterios inescrutables.

Y, entre medias, el Premio de Honor del 55º Abeja de Oro, “casi ná”. 54 años sin que ningún guadalajereño ganara el premio de su tierra, y este recién llegado lo hace. Vaya añito imborrable (esto me recuerda que en la foto del 2 de enero nos deseaba a todos un año 2010 verdaderamente “10”).

Porque los malos momentos se olvidan enseguida. Haberlos, haylos: esos días complicados, retorcidos, en los que tienes cosas verdaderamente importantes en la cabeza, preocupaciones, estás hasta arriba de trabajo, todo el día en el curro o de viaje, llegas de noche a tu casa, o al hotel si estás de viaje, estás cansado, y aún tienes que sacar tiempo para descargar tu foto al ordenador, pasarla un poquito por el Photoshop, subirla al Flick, pensar un título y describirla, comentarla. O, todavía peor cuando, al llegar a casa, aún no has tenido tiempo siquiera de haber hecho la foto. Y todo ello sintiendo miradas asesinas a tu espalda, que no entienden lo que haces, por qué lo haces. Pero, al final, la foto sale. Porque es que tiene que salir, sí o sí, no caben alternativas, el compromiso es ese. Bueno soy yo para eso, ...

¿Que si recomiendo un Proyecto 365? Sin ninguna duda. Es una grandísima experiencia. Es todo un master, extensivo en su forma e intensivo en su fondo. Trescientos sesenta y cinco días haciendo fotos uno tras otro, y tras otro, y tras otro, te obliga a acomodar tu cerebro a pensar en formato cuadrangular, a no bajar la guardia un solo instante, a mirar a cada lado como si fueras un espía, a darle la vuelta a las cosas, a escudriñar cada rincón de lo que has estado viendo de forma habitual durante años sin prestarle atención pero, sobre todo, a disfrutar visualmente de todo lo que hay a tu alrededor.

Disfrutar, creo que esa ha sido la palabra clave del Proyecto. Hay pocas cosas que no sean suficientemente bellas para merecer una fotografía. Porque cuando ese día, cada día, te ves en la obligación de hacer tu foto, eres capaz de encontrar belleza en la cosa más absurda: las patas de una silla, una sartén, unas gomas de borrar, la Delegación de Hacienda, una botella de Fairy o incluso en unos rollos de papel higiénico. Por no hablar de una vieja pinza de la ropa, la más famosa pinza de Guadalajara allende los mares.

Y una cosa más, para mí importantísima. Ha sido, seguramente, el año que con más intensidad he vivido, y son muchos los que llevo encima. Empleo la palabra "intensidad” porque cada una de las fotos me permite ahora recordar perfectamente en qué condiciones fue tomada, dónde estaba yo, qué ánimo tenía, lo que hice ese día. Es un verdadero calendario del año 2010, sin números pero con imágenes, lo cual le añade un valor muy superior.

Estas 365 fotografías son una parte de mí, o yo soy la suma de todas ellas, ya no sé, porque en cada una he ido desgajándome yo mismo; verdaderamente me he desnudado interiormente ante vuestros ojos.

En fin, que os pido perdón por el largísimo rollo que acabo de confesar, pero tenía que liberar todo este sentimiento que llevo gestando un año entero dentro de mí y que escribo de tirón. Ya que no me dejáis a diario, ...

Con la foto de hoy, con la que “cerrando el círculo” vuelvo al origen del proyecto, sólo quiero expresaros mi agradecimiento por todo lo dicho. Resumir en una única foto todo este intensísimo año fotográfico no era fácil. Un concepto tan simple como ese, requería una foto igual de simple. Me enseñásteis que menos es más. Va por vosotros, amigos. GRACIAS.

Adiós, “Proyecto 365 días, 365 fotos”. Me he dejado la piel en él, pero me he divertido muchísimo, y por eso lo voy a echar mucho de menos. Y os confieso que se me está cayendo una lagrimita; quizás más...

Sed, siempre, muy, muy felices...

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